Los
adornos de orfebrería constituían casi
la única vestimenta de los indígenas,
al lado de las sartas de chaquira, material con que
fabricaban collares y fajas que usaban los señores
de la tribu. En las tumbas excavadas se han encontrado
gran cantidad de torteros o volantes de huso, hechos
generalmente en barro y decorados con dibujos incisos
geométricos, rellenados con pasta blanca.
Debido
a las condiciones climáticas de la zona, caracterizadas
por lluviosidades cercanas a los 2000 mm, en el año,
no han permitido la adecuada conservación de
mantas, fajas y otros productos de esta artesanía.
Magia
y Religión
"No
tienen creencia ninguna; hablan con el demonio de
la misma manera que los demás", escribe
Cieza de León. Sin embargo, esta aseveración
permite suponer la existencia de prácticas
religiosas entre los nativos y de un culto consagrado
a conseguir el favor de sus dioses tutelares. Su arte,
expresado en la cerámica y en la orfebrería,
refleja, por otra parte, un profundo sentimiento religioso.
Muchas de las piezas de orfebrería representan
motivos antropomorfos y antropozoomorfos, en los cuales
quisieron, seguramente, figurar a varias de sus divinidades.
El
agua tenía para ellos poderes curativos especiales
y a ella acudían frecuentemente por medio del
baño repetido cuando eran víctimas de
alguna enfermedad.
Además
de las creencias mencionadas, los Quimbayas tenían
otras en relación con el más allá
y con la existencia de otra vida después de
la muerte, a la que había que llegar con algunos
recursos propios de este mundo. Y creen que los cuerpos
todos han de resucitar; pero el demonio les hace entender
que será en parte, que ellos han de tener placer
y descanso; por lo cual les echan en las sepulturas
mucha cantidad de su vino y maíz, pescado y
otras cosas, y juntamente con ellas sus armas, como
fuesen poderosas para librarlos de las penas infernales.<
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